Desaprender para aprender costumbres

Para facilitar el sentimiento de “formar parte de algo”, es importante y necesario poder adecuarnos al medio en el que vivimos y aprender.

Adaptarnos.

Parece que esta palabra implica algo de “pérdida”, de “dejar de ser” un poco nosotros/as mismos/as, ya que la adaptación es un proceso en el que las personas renuncian a cosas suyas y adoptan otras, más ajustadas al entorno en el que estamos.

C. Dickens dijo que el hombre (ser humano) es un animal de costumbres; y, a veces, sentimos que el cambio es una amenaza, nos produce nestabilidad y rechazamos la idea de lo nuevo, proyectando nuestro miedo de no estar suficientemente capacitados/as para lo que viene.

Cuando iniciamos algo nuevo, una rutina, ya sabemos que debe pasar un determinado tiempo (variable según para quien y para qué), hasta que pueda integrarse, automatizarse, para que pueda grabarse en nuestro cerebro y así, facilitar la incorporación de “la novedad” en nuestra cotidianeidad.

Nuestro cerebro tiene plasticidad, y podemos aprender. Y reaprender. Y adaptarnos.

En este preciso momento estamos viviendo un gran cambio; hemos tenido que revisar nuestros hábitos para poder continuar, en la medida de lo posible, con nuestra vida.

Dejamos de caminar por la calle y comenzamos a hacer deporte en casa. Intercambiamos la oficina o nuestro lugar de trabajo (los/as que han podido) por el salón de casa, la mesa de la cocina o el dormitorio para teletrabajar. En vez de besarnos y tocarnos, nos vemos a través de las pantallas. Abandonamos temporalmente los abrazos para empezar a decirnos te quiero de un modo más habitual. Perdimos el contacto físico para encontrarnos en las palabras y las sonrisas.

Nos hemos ido adaptando, ha muy sido difícil y nos felicito por ello. Y así también pasará con nuestras costumbres sociales cuando estemos con otras personas. Dejará de suponer un esfuerzo muy grande para convertirse (muy poquito a poco) en una parte más de la rutina, aunque sea distinta, muy diferente. Pero ahora es lo que único que podemos hacer.

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Re-aprender.

Diseñar nuevas formas de relacionarnos, de comunicarnos, expresarnos como lo hacíamos hasta ahora, pero con unos metros de distancia de por medio. Porque es responsable, porque es saludable, porque nos cuidamos y así también cuidamos.

Y será temporal, no nos aferremos al pensamiento de ¿Qué va a pasar de aquí en adelante?”. Todo cambia. Todo pasa. Lo bueno y, … ¡qué bien! …también lo malo.

Las costumbres de “nuestra nueva realidad” ya están ahí, esperándonos para aprender.

Adaptémonos lo mejor que podamos.

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