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Me siento así… y también así


Diario de una persona cualquiera en “su confinamiento”

21/04/2020
8:00h. “Hoy voy a hacer muchas cosas, tengo ganas, aprovecharé el día para ordenar
lo que ayer me dije que quería hacer”.
Me levanto, me preparo un café y me conecto a internet. Veo las noticias actuales sobre
cómo está la situación en los hospitales, en el mundo, la economía, … Me asusto, quizá
un poco menos que antes, ya me he acostumbrado después de todo un mes leyendo
noticias tan tristes y desalentadoras. “Ufff, ¿cómo es posible que no me afecte tanto un
escenario tan horroroso?”. Me siento mal por sentir eso.

 

9:00h. Después de ducharme y vestirme me siento preparada para iniciar el día
productivo que había calculado en mi mente.

 

12:00h. No he avanzado casi nada, un poco de aquí, un poco de allá, pero me cuesta
concentrarme. Me enfado conmigo, tendría que estar haciendo algo por mí, por lo que
me había propuesto, … pero miro por la ventana y vuelvo a conectarme con la realidad,
parece que hay algo que no quiero ver, que me da miedo por si me pusiera triste … y
lloro y lloro sin parar.

 

14:00h. Me encuentro mejor, más aliviada. Voy a hacerme algo para comer. “Creo que
me puede venir bien alimentarme de un modo saludable, así que me voy a hacer una
ensalada”.

 

17:00h. Me he puesto a revolotear por la casa, ordenando de un lado y desordenando
por otro (“esto lo hago mañana”). Pienso que por la noche voy a ver un documental
que he leído sobre esto, “quizá me ayude a aprender algo sobre la organización del
tiempo y del espacio, porque soy un desastre, no puedo seguir así”. Me vuelvo a
enfadar, siento rabia, “debería haber empezado el día por esto y no por lo otro, he
perdido mucho tiempo”.

 

20:00h. Hora de aplaudir, de agradecer. Salgo a la ventana y miro a mis vecinos/as, nos
saludamos, ya llevamos viéndonos las caras 30 veces a esta misma hora, seguimos
sonriéndonos y seguimos llorando. Aunque esta vez es un sentimiento colectivo, de
unión, algo que nos da también fuerza y esperanza. “La gente está como yo”.

 

22:00h. Después de haber cenado pizza (“Lo sé, no tendría que habérmela comido,
luego me miraré al espejo y me espantaré al ver los michelines”), me pongo a ver una
película, a la que tampoco pongo mucha atención, pero me ayuda para desconectar a
ratitos. Incluso me río en alguna escena. Me sorprendo al escuchar mi risa. “¿Cómo me
puedo estar riendo con lo que está pasando?”. Me siento mal por haber perdido de
vista la realidad. Me voy a las redes a ver qué es lo que la gente hace.

Estamos casi todos/as igual, sin saber muy bien qué hacer, aunque también hay gente a la que
envidio, que hace deporte, cocina, lee libros y aprovecha el tiempo para escuchar
música, … Y yo en cambio… “Creo que no he hecho nada importante durante todo el
día”. Recibo un mensaje por wasap, el abuelo de mi amigo ha fallecido en una residencia. Y lloro.

 

00:00h. Y me voy a la cama. “Mañana será un mejor día”.
Desgraciadamente, la situación que estamos viviendo es altamente estresante, no
sabemos qué va a pasar, cómo va a pasar ni cuándo va a pasar, etc. Y, en este escenario,
creemos que nuestras emociones no nos están ayudando, porque creemos que tenemos
que mantener una estabilidad y no sentirnos como una montaña rusa.

 

Me siento así

 

La realidad es que las emociones están ahí para ayudarnos, para que las miremos y
conectemos con lo que necesitamos y que podamos aprender a regularnos con lo que
está pasando.
Esto no va a ser posible si no nos damos permiso para que aparezcan, sin crítica (véase
la mayoría de las cursivas del anterior fragmento del diario), empezar a darnos cuenta
de cómo es nuestro diálogo interno, … Abrazar lo que siento, y avalarlo, y
comprendernos, con mucho amor. Y decirnos en voz alta:
“Sí, esto es lo que siento. Y sí, está bien. Me lo permito. Porque lo necesito, porque es
importante para mí”.
“Y ESTO TAMBIÉN PASARA”.

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