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¿EMOCIONES O SENTIMIENTOS?


Si ya a veces nos puede resultar difícil hablar y entender las emociones, aún puede complicársenos más la vida cuando entra en juego el término “sentimientos”. Porque, aunque no lo parezca, son, en realidad, términos diferentes (aunque muy unidos como veremos más adelante).

Primero, hablemos de las famosas y, a veces temidas, emociones. Las emociones son respuestas innatas, automáticas e involuntarias del ser humano que nos ayudan a responder a nuestras necesidades y al entorno. Son producto de nuestra evolución que se han ido complementando, a medida que se ha ido desarrollando nuestro cerebro, con la parte cognitiva, la más racional. Además, no solo nosotros tenemos emociones, sino también los animales, con la excepción de que ellos no han desarrollado ese plus que nos diferencia a los seres humanos: la consciencia; pero es por esto por lo que cuando miramos a nuestro perro, podemos reconocer en él emociones y él también reconoce las nuestras en cierta medida.

Y es que, las emociones son universales. Muchos estudios se han hecho ya al respecto y se ha llegado a la conclusión de que las emociones, sobre todo las seis que se han identificado como básicas (y a partir de las cuales, con sus múltiples posibles combinaciones, se desarrollan otras más complejas) son comunes a todas las culturas, es decir, que su expresión y manifestación son independientes de la zona cultural a la que pertenezcamos. Todos las reconocemos y mostramos igual. ¡Son universales en toda regla!

 

Las funciones de las emociones

Visto todo esto, debe ser, entonces, que las emociones son muy importantes para nosotros. ¡Pues efectivamente! Las emociones tienen sus funciones, y son un lenguaje (no verbal) que nos ha ido acompañando desde el principio de nuestra existencia, mucho antes que cualquier otro lenguaje o que la razón. Están, por genética, implantadas en nosotros como respuestas automáticas para favorecer la supervivencia en un entorno hostil y social.

Además, aunque no nos lo creamos, las emociones son fundamentales para la toma de decisiones. Teniendo en cuenta que son un sistema de funcionamiento que lleva en nuestro cerebro mucho más tiempo que la razón, y que es lo que nos ha hecho sobrevivir en gran medida, sabemos que lo que decidimos pasa, por tanto, por este circuito cerebral. Gracias a ello, no tomamos decisiones solo puramente racionales o basadas en costes y beneficios, si no, también, en base a cómo nos sentimos nosotros y los demás, cuáles son nuestras motivaciones, o cómo es el entorno (si es un entorno de peligro, la emoción de miedo es la que nos permite huir o atacar, o la del enfado, defendernos a nosotros mismos y nuestros seres queridos). De modo que, la mezcla adecuada de razón y emociones, es lo que hace que tomemos decisiones ajustadas.

Por tanto, hasta el momento, hemos visto que las emociones tienen una función adaptativa, de responder al entorno y protegernos (alejándonos o acercándonos) y actuar en él; y una función de motivarnos. Las emociones nos mueven a la acción en base a nuestras motivaciones, necesidades…Son fundamentales para conseguir nuestro bienestar por mucho que la sociedad se empeñe en ocultarlas y sepultarlas como si solo la razón nos diera lo que necesitamos cuando es la nueva de la clase, realmente.

Pero, además, las emociones tienen otra función: la función social. Las emociones, junto con otro de los maravillosos avances de nuestro cerebro evolucionado -la empatía- nos permiten ajustarnos a los demás y a sus emociones. De esta manera, adecuamos cómo nos comportamos y qué y cómo nos comunicamos. Promueven las relaciones, entender a los demás, predecir sus conductas, etc. Por poner un ejemplo, gracias a la emoción del amor (siendo ésta un cóctel de muchas), podemos establecer una relación íntima con otra persona, con todo lo que eso conlleva para la supervivencia de la especie (poniéndonos biologicistas).

 

Las emociones básicas

Dado que ya hemos explicado las funciones principales de las estupendas emociones, vamos a hablar, brevemente, de las seis emociones básicas que se han consensuado en las investigaciones:

 

Miedo

Se la considera la emoción más antigua que nos acompaña. Nos protege de los depredadores y las amenazas del entorno, ya que hace que huyamos o ataquemos aquello que perturba nuestra supervivencia. Se activa, por tanto, cuando el cerebro evalúa una amenaza real o imaginaria. Además, gracias a la expresión facial propia del miedo, avisamos a nuestro entorno de que existe ese peligro. Cuando esta emoción no es adaptativa, cuando nos impide enfrentarnos a aquello que nos preocupa, es cuando puede ser patológico, como ocurre con la ansiedad, que es su prima hermana.

 

Enfado/ira

Esta también es una emoción de defensa ante situaciones que atentan contra nuestros valores, creencias, derechos o con nuestras necesidades. Nos ayuda a poner límites a la persona que está invadiendo todo eso, que nos impide llegar a lo que nos interesa o a poner límites a una injusticia. Igualmente, informa al entorno de nuestra intención de lucha y defensa. Como en la anterior, el problema es cuando es muy intensa o sostenida, que hace que agredamos a los demás o padezcamos enfermedades físicas, sobre todo del corazón. La ira es adaptativa cuando la circunstancia lo exige, cuando corresponde y la respuesta debe ser proporcional (para lo que tenemos el complemento de la razón).

 

Alegría

Es una de las emociones más agradables que experimentamos, ¿verdad? La tenemos cuando hemos logrado algo o conseguido algo que queríamos, cuando presenciamos una obra artística o incluso lo genera la alegría que vemos en otros… es decir, ante circunstancias que evaluamos como favorables para nosotros. Indica al entorno que no hay amenaza y favorece que nos relacionemos con los demás pues nos muestra accesibles y cercanos. Además, es una emoción que favorece mucho el ánimo, la cognición y la salud física de las personas. ¡La risa es una expresión de la alegría sanísima!

 

Tristeza

Esta emoción ya no es tan agradable de experimentar, ya que responde a pérdidas, a algún daño que nos han hecho, un fracaso o ver triste a alguien que queremos. Sin embargo, como todas, es una emoción positiva, es buena, ya que nos ayuda a procesar esa pérdida, a centrarnos en nosotros, darnos nuestro tiempo y curarnos. Además, hace que busquemos el apoyo social y su cuidado.

 

Asco

Con el asco lo que hacemos es evitar las cosas tóxicas, deterioradas, podridas… nos aleja de aquello que nos puede enfermar y nos hace tener higiene. Además, va muy acompañada de reacciones físicas como las náuseas, vómitos, etc. Lo que nos da asco puede variar un poco de una cultura a otra (como los insectos para comer, uf…), pero hay determinadas sustancias asquerosas de forma universal: las heces, el vómito, el pis, los mocos y la sangre (aunque con diferentes intensidades según la persona). Y luego, por supuesto, como hemos evolucionado y vivimos en un entorno social, podemos expresar y sentir asco a nivel de interacciones sociales, mostrando rechazo por esa persona.

 

Sorpresa

Esta emoción dura muy poco, a diferencia de las otras, y casi lo que hace es ser la puerta a las otras emociones. Aquello que sucede de forma imprevista, es lo que nos sorprende, primero, y luego ya nos genera miedo, ira, alegría… (¡depende de cómo sea la sorpresa que te prepara tu pareja, por ejemplo!).

 

Éstas serían las seis emociones básicas que han descrito los grandes autores que se han dedicado a investigarlas. Sin embargo, hay otros más actuales que incluyen una séptima: el desprecio. Esta última emoción requiere de mucho mayor funcionamiento cognitivo, pues es una valoración, un juicio de rechazo, menosprecio o inferioridad hacia aquello que despreciamos.

A partir de la combinación de estas emociones básicas, tenemos las más complejas, como puede ser, el ya mencionado amor. Os invitamos a que intentéis identificar en cada una de vosotras estas emociones básicas y las complejas, para ver de qué se componen. Como ya habéis podido averiguar, ¡es fundamental escucharlas y prestarles la debida atención!

 

Entonces, ¿qué es un sentimiento?

Después de todo este rollo y, aun así, todavía no hemos mencionado en ningún momento a los sentimientos. Sin problema, ahora vamos con ello…

La reacción emocional tiene tres eslabones: la reacción física/química (todo el entramado de neurotransmisores, hormonas y mecanismos corporales que se ponen en marcha con cada una), la respuesta conductual o expresiva (es decir, cómo actuamos después de sentirla), y la parte cognitiva de la emoción, la conciencia de la misma. Y esto último, es el sentimiento. Por eso es algo propio del ser humano, ya que, como hemos dicho, los animales tienen emociones, pero no tienen conciencia de ellas como nosotros.

El sentimiento es la parte del procesamiento cognitivo de la emoción, es el hacerse consciente de esa emoción y darle un significado, ponerle incluso palabras. Es menos intenso que la emoción, pero dura más en el tiempo que pues va más allá que el suceso que la provoca. Tiene su raíz en la emoción eso sí, pues es ser conscientes de esta. Una cosa no puede ir sin la otra. Nosotras, para diferenciar el proceso que lleva a la una y a la otra, lo dividimos a nivel académico, pero, en realidad ¡son inseparables!

El sentimiento es la emoción procesada por nuestro cerebro más desarrollado, en el que caben las vivencias personales que hemos vivido, nuestra personalidad y nuestra cultura. Por todo ello, es la interpretación personal de la emoción. El sentimiento es la parte simbólica de la emoción, la valoración que hacemos de esta y cómo la expresamos verbalmente (si queremos). Además, nos permite reinterpretar la situación que nos ha provocado la emoción automática.

Hay otros autores que también añaden que el sentimiento es la emoción socializada y es puramente social. El nombre que le pongamos a ese sentimiento será basándonos, sobre todo, en la cultura y la socialización que hemos recibido.

Algunos ejemplos de sentimientos pueden ser: la fe, la culpa, la vergüenza, el odio o la envidia.

Esto ha sido una explicación bastante resumida de todo este apasionante mundo, pero esperamos que hayamos podido aclarar un poco más toda la confusión sentimental y emocional y que, aunque sea solo un poquito, hayamos contribuido a abrir las mentes de las lectoras y que se valore la importancia que realmente tienen las emociones y lo sentimientos en nosotras. Es necesario hacerles caso y no menospreciarlas, porque de ellas depende la buena toma de decisiones, y el bienestar de las personas.

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